
Desde el Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica (FCINA), conformado por
redes y medios de comunicación comunitarios, indígenas, alternativos y populares, junto a
coordinaciones sociales regionales, nos proponemos estimular una amplia reflexión colectiva sobre
los desafíos más acuciantes que enfrentamos en la actualidad.
Confiamos en que este debate pueda llegar hasta la base de nuestras organizaciones e incluso más
allá, para que surjan de la inspiración colectiva las mejores respuestas.
Lectura breve de situación
En un mundo convulsionado y amenazado por el poder político, económico y militar de los Estados
Unidos y de Israel, que rompen las reglas de convivencia y los principios del derecho internacional,
avanza en muchos países del planeta y particularmente de nuestra región, la derechización y el
alineamiento automático de muchos gobiernos con estos regímenes imperialistas.
En contextos de retroceso y vulneración de derechos humanos, de capitalismo salvaje, discursos de
odio, fundamentalismos religiosos, discriminaciones de género, exterminio de comunidades
ancestrales, extractivismo, consolidación internacional del crimen organizado, desinformación,
control de los sistemas mediáticos y nuevas tecnologías de la información y la comunicación, el
intervencionismo militar, la proliferación mayor de la guerra y del negocio de las armas, las
injerencias imperiales y coloniales, la proscripción de líderes políticos y de la democracia misma, la
vida está en peligro.
Esto va de la mano con un sistema comunicacional corporativo que ya no solo actúa desde la
concentración de medios, sino también desde las plataformas digitales, ampliando la desinformación
y recortando con sus algoritmos la posibilidad de participación y debate democrático.
Las organizaciones sociales y los movimientos populares mantienen formas de resistencia y
construcción de sociedades más justas y solidarias, aunque muchas veces les resulta difícil
contrarrestar el discurso del individualismo que corroe el sentido de comunidad. El lenguaje de odio
en redes digitales, definido como expresiones que incitan al enfrentamiento, la violencia,
discriminación o deshumanización de personas, ha aumentado y se ha normalizado, afectando
gravemente la convivencia social.
Con sus particularidades en cada país vemos dos proyectos o modelos que se confrontan en Nuestra
América. Uno subordinado a las políticas imperiales, violentando toda práctica democrática y
desarticulando los sistemas de protección estatal. Otro que intenta la independencia y soberanía
popular, el reconocimiento y vigencia de Derechos Humanos, la protección del ambiente y una más
justa y equitativa distribución de la riqueza.
La comunicación es uno de los principales campos de disputa. Con nuevos instrumentos, desde el
poder económico se atenta contra el pensamiento crítico y la comunicación misma, a través de
formatos y aplicaciones impuestas por las grandes corporaciones que controlan las plataformas. Se
evita la argumentación y el intercambio de ideas mientras se fomenta el individualismo, la
provocación y el estímulo a la reacción emocional. En la acción política, el lenguaje no solo describe
la realidad, sino que la analiza, la interpreta y la construye. El (cambio de) sentido de las palabras es
una herramienta estratégica para ganar la “batalla cultural”.
¿El desafío será pasar de una comunicación de las derechas a una comunicación de los derechos? ¿De
una comunicación para la guerra, a una comunicación para la vida? ¿De una comunicación de la
desesperanza a una comunicación que proponga imágenes de futuro digno para todas y todos y
estimule la acción?