
La combinación entre el aumento de la inversión publicitaria en los medios comerciales y la persecución a los medios comunitarios fue uno de los detonantes de la bomba política en el país, según Dolores Arce
Con las elecciones generales previstas para el 17 de agosto, las fuerzas populares viven una situación de extrema adversidad en Bolivia. Tras la reversión de un golpe patrocinado por la Organización de Estados Americanos (OEA) con una contundente victoria en las urnas en 2020, el panorama es de ruptura interna en el campo progresista, judicialización de la política y fragmentación de la oposición, todo ello agravado por una creciente crisis económica.
Por Felipe Bianchi
Más allá del debate sobre personalismos o conjeturas basadas en encuestas de intención de voto, que apuntan a la posibilidad de un choque entre las candidaturas de la derecha en una eventual segunda vuelta, observar los medios de comunicación es una guía para comprender el escenario de oscurantismo en el que parece haberse sumido el país andino.
La evaluación es de Dolores Arce, exdirectora del Centro de Producción Radiofónica (CEPRA), que articuló la Red de Radios Comunitarias con el Sistema Nacional de Radios de los Pueblos Originarios. La comunicadora participó este martes (5) en una entrevista colaborativa organizada por el Foro de Comunicación para la Integración de Nuestra América (FCINA), junto a su compatriota, el periodista y analista político Antonio Abal Oña, y la analista internacional Ana Prestes, de Brasil.
«Con la recuperación de la democracia en 2020, se esperaba un fortalecimiento de los medios alternativos y populares. Lamentablemente, esto no sucedió», afirmó. Para ella, el Viceministerio de Comunicación —degradado bajo el mando de la entonces presidenta Jeanine Áñez, posteriormente condenada por golpismo— ha priorizado la propaganda oficial y la publicidad en los grandes medios privados, mientras descuida las políticas públicas orientadas a la democratización de la comunicación.
Fomento versus persecución
Dolores Arce denuncia que el gobierno de Luis Arce Catacora promovió una verdadera alianza con el statu quo de los medios de comunicación bolivianos, lo que significa un aumento de la financiación a estos medios, lógicamente sin ninguna concesión ideológica por parte de los mismos, cuya agenda es estrictamente neoliberal.
En contraste, los medios alternativos, comunitarios y populares que antes se enfrentaban a la pasividad del Estado a la hora de construir un entorno más democrático para el sector, ahora sufren recortes y persecuciones. «Hay una «lista negra» de medios populares que han sido castigados, literalmente, por tener una línea crítica con el Gobierno. Varias emisoras que retransmiten la señal de Radio Kawsachun Coca (RKC) —fundada por trabajadores rurales y que representa, actualmente, a un sector bastante descontento con el gobierno— han sido objeto de represalias», relata.
Los bloqueos de carreteras realizados como protesta en 2024 dieron lugar a la intervención directa del Gobierno en al menos cuatro radios comunitarias: tres en Cochabamba y una en La Paz. ¿El motivo? Las emisoras estarían «incitando al terrorismo» al amplificar los bloqueos y justificar la realización de este tipo de manifestaciones.
«Nos encontramos ante una situación en la que un gobierno elegido por nosotros y que contó con un amplio apoyo popular para volver mediante el voto, ahora está secuestrando los equipos de quienes fueron portavoces y estuvieron al frente de esta lucha», lamenta Dolores Arce. «Estamos hablando de Radio Guerrilleros de Independencia (Cochabamba), Radio Chihualaque, Radio Comunitaria Aiquile y Radio Comunitaria Tahuantinsuyo».
La acumulación del llamado Proceso de Cambio apuntaba en una dirección contraria, en la que el poder político debía fomentar un mayor equilibrio y diversidad en el ecosistema mediático del país. En la práctica, se observa lo contrario.
Según Dolores Arce, los medios de comunicación han acentuado la fragmentación dentro del bloque popular y han instigado esta división. «El campo popular se está debilitando sistemáticamente y esto también ha afectado al campo de la comunicación contrahegemónica», reconoce.
Estigmatización, una táctica cotidiana
Dolores Arce opina que la campaña diaria contra el expresidente Evo Morales y la criminalización constante de los movimientos sociales contribuyen a un escenario electoral hostil y de desintegración.
«Los grandes medios de comunicación, cuyas posiciones conocemos muy bien desde antes del golpe, ya que fomentaron las crisis y los conflictos, siguen en sintonía con el Gobierno a través de los fondos publicitarios, pero nunca han dejado de conspirar», analiza.
«Estos medios practican un linchamiento mediático constante contra el expresidente Evo Morales», subraya. «Creo que no hay un solo día en que Evo no sea atacado en los titulares, como forma de imponer una narrativa e influir en la opinión pública, haciéndola creer que Evo Morales no puede ser candidato. Por lo tanto, el proceso de inhabilitación de Evo como candidato es resultado directo de esta campaña mediática».
Por otro lado, hay una estigmatización de todo lo relacionado con la lucha social. «Hay una grave crisis en curso, en una proporción que no existía desde hace al menos 40 años», destaca. «Hay escasez de dólares, escasez de combustibles y el costo de vida está por las nubes. Hay protestas y colas interminables en las gasolineras. Y todas estas manifestaciones son demonizadas. Antes se les llamaba «salvajes», hoy se les llama «evistas».
Plataformas digitales: quien paga la banda elige la música
Hacer zapping por los canales de televisión bolivianos, hojear los periódicos o sintonizar las principales emisoras de radio comerciales del país son acciones que ilustran bien las afirmaciones de Dolores Arce. Pero hay un elemento crucial que sirve de nexo para las narrativas de la derecha: las plataformas digitales.
«Las redes sociales han desempeñado el papel de moldear el sentido común de las personas y en Bolivia no es diferente. El discurso de mayor alcance en estas plataformas parece prepararnos psicológicamente para la idea de que la única salida a la crisis es el neoliberalismo», subraya.
«La inmensa mayoría de las entrevistas y contenidos que circulan en estos medios tienen como objetivo valorizar la contribución de la iniciativa privada, la agroindustria y las élites, como si fueran una especie de salvación de la patria. Esto se hace con el fin de borrar los 20 años de transformaciones vividas en Bolivia», añade.